La integración de los jóvenes en riesgo de exclusión en la sociedad en general, y en el mercado laboral en particular, sigue siendo un reto en España a pesar de la reducción de las tasas de abandono escolar en los últimos años. El crecimiento de la economía depende de las capacidades y habilidades de sus ciudadanos, de manera que el hecho de que dos de cada cinco jóvenes no finalicen la educación secundaria, se ha convertido en un problema estructural difícil de solventar con el sistema educativo actual. Que los jóvenes sientan que tienen un hueco en la sociedad a pesar de que no finalicen sus estudios, es vital para una economía exitosa basada en el conocimiento sostenible y para alcanzar una sociedad estable a la que todos puedan contribuir. Las escuelas de segunda oportunidad contribuyen a la inserción sociolaboral de estos jóvenes.

Las escuelas de segunda oportunidad, una vía para la inserción laboral de los jóvenes

Las escuelas de segunda oportunidad son aquellas que permiten que los jóvenes que han abandonado los estudios adquieran una formación básica para conseguir un empleo. La idea es simple: ofrecer a los jóvenes excluidos del sistema educativo las mejores vías de formación y el mejor marco para que adquieran confianza en sí mismos y adquieran los hábitos y conductas que son necesarios para su inserción sociolaboral.

El origen de esta expresión se encuentra en el Libro Blanco sobre educación y formación titulado «Enseñanza y aprendizaje: hacia la sociedad del aprendizaje» (Comisión Europea, 1995). En ese documento se identificaron cinco objetivos principales, el tercero de los cuales era «luchar contra la exclusión». Para la Comisión Europea la finalidad de estas escuelas es «mejorar el acceso a los conocimientos favoreciendo el recurso a los mejores profesores, con ritmos de enseñanza adaptados, nuevas motivaciones, períodos de prácticas en empresa, material multimedia y con la instauración de clases con pocos alumnos». La primera escuela de segunda oportunidad abrió sus puertas en Marsella en 1997.

Características de las escuelas de segunda oportunidad

Desde los años noventa han proliferado diferentes proyectos a lo largo de toda Europa para la instauración de escuelas de segunda oportunidad. Aunque las particularidades de cada escuela dependen de las características del entorno en el que se implantan, podemos considerar como características generales:

  • Son entidades estrechamente relacionadas con los organismos públicos locales, los servicios sociales y asociaciones para establecer el contacto inicial con los jóvenes y empresas con miras a ofrecer posibles lugares de formación y puestos de trabajo a los alumnos
  • Un enfoque de enseñanza centrado en las necesidades y habilidades de los alumnos, que estimula el aprendizaje activo y se apoya en el acompañamiento a los alumnos durante todo el proceso.
  • Módulos de enseñanza flexibles que permiten combinar el desarrollo de habilidades básicas (aritmética, lógica, habilidades sociales, etc.) con la capacitación en puestos de trabajo reales en empresas.
  • El uso de las TIC para la adquisición de nuevas habilidades.

La realidad social muestra que los jóvenes procedentes de situaciones de riesgo social son más propensos al abandono escolar temprano y que su situación personal desencadena problemas de disciplina y motivación.

Sin una titulación básica, los jóvenes pierden la esperanza de encontrar un empleo y, en consecuencia, de insertarse en la sociedad, por lo que las escuelas de segunda oportunidad les proporcionan la oportunidad ganar confianza en sus habilidades y encontrar el camino hacia un futuro mejor.

¿Por qué va un joven a una escuela de segunda oportunidad?

Resulta muy fácil responsabilizar -exclusivamente-a los jóvenes de que si no encuentran empleo es consecuencia de haber abandonado los estudios demasiado pronto, ya sea por falta de interés o de capacidad. Sin embargo, el hecho de que los jóvenes no quieran seguir estudiando no implica que no quieran trabajar y prosperar en su vida. Es más, al encontrarse en una posición marginal en el sistema, sienten que no son ellos los que abandonan la escuela, sino que es el propio sistema el que los abandona a ellos, al no poder continuar estudiando por sus circunstancias personales, económicas o familiares y la consecuente imposibilidad de obtener un empleo.

Los jóvenes que acuden a las escuelas de segunda oportunidad carecen de una titulación que les permita mostrarse ante las empresas como candidatos válidos. En muchos casos, han llegado a España como consecuencia de los conflictos sociales o crisis económicas que se producen en sus países de origen -donde sí habían estudiado- pero la dificultad que presenta la homologación de títulos provoca que, ante las empresas, se presenten como jóvenes sin ninguna cualificación.

Las escuelas de segunda oportunidad fomentan el pleno desarrollo de sus alumnos y alumnas y facilitan su inserción en la sociedad desarrollando programas inclusivos que refuerzan las actitudes y comportamientos adecuados que les permitirán a los jóvenes su plena inserción social.

Los resultados de Fundación Iter como escuela de segunda oportunidad

Los jóvenes llegan a la Fundación Iter con un nivel de estudios muy bajo: el 38% no tienen estudios, un 4.13% formación profesional básica y un 3.40% ha realizado un programa de cualificación profesional inicial (PCPI). Sin embargo, a pesar de haber dejado de forma prematura los estudios, la tasa de abandono durante la fase de formación del itinerario de inserción se situó en 2018 en el 4%. Esto muestra la adecuación de las actividades realizadas para despertar el interés de los jóvenes y que se sientan motivados a seguir adelante.

Los resultados obtenidos respecto a la inserción de los jóvenes en los últimos dos años nos muestran que estamos en el camino correcto: más del 80% de los jóvenes que inician el itinerario de inserción laboral han conseguido empleo y un 10% de los que han abandonado antes de finalizar lo han hecho para volver a estudiar.

 

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