La semana pasada la Fundación Cepsa nos entregó un Premio al Valor Social por nuestro proyecto Refugiados con Futuro. Un proyecto Iter destinado a la formación  para la inclusión laboral de jóvenes refugiados afectados por la cris del Covid-19 en la Comunidad de Madrid. El proyecto trata de impulsar la formación de 35 jóvenes refugiados y/o solicitantes de asilo, residentes en zonas especialmente afectadas por la crisis del Covid-19 de la Comunidad de Madrid en el ámbito de la logística, de cara a facilitar su inserción sociolaboral y contribuir a la recuperación económica de la Comunidad.

La entrega de premios transcurrió en una ceremonia reducida y distanciada, aplicando todas las normas de prevención de Covid-19, por lo que quedó algo más deslucida de lo habitual. Un hecho al que estamos todos bastante acostumbrados después de un año de pandemia. No por ello queríamos dejar de dar las gracias tanto a la Fundación Cepsa como al resto de proyectos premiados por su dedicación a los más vulnerables. También queríamos aprovechar la ocasión para explicar de manera sencilla nuestra labor en Iter. Sin más dilación, compartimos con vosotros el discurso de aceptación del premio por parte de nuestro fundador Javier del Barrio

 

Quince años trabajando con los jóvenes en riesgo de exclusión social, con una misión clara

Quisiera agradecer a la Fundación CEPSA su compromiso social especialmente con colectivos en riesgo de exclusión social que es exactamente a lo que llevamos 15 años dedicados en la Fundación Iter.

Solo trabajamos en eso, un sólo objetivo y muy definido: jóvenes de entre 18 y 24 años en riesgo de exclusión social. Además, tenemos una idea muy clara y que subyace en todo lo que hacemos, que es que la verdadera inclusión social se consigue cuando obtienen un empleo. Ese es el verdadero éxito.

En 2019 el 91% de los jóvenes que terminaron su itinerario de inserción con nosotros consiguieron un empleo. Cifra nada desdeñable, de la que nos sentimos muy orgullosos.

Pero también nos sentimos orgullosos de haber conseguido que en 2020, el 54% de los jóvenes con los que trabajamos y completaron su itinerario, consiguieran un empleo. Con el año tan horrible que tuvimos en tantos aspectos, desde luego que lo celebramos por todo lo alto (eso sí, de forma virtual).

 

Cifras oficiales de paro juvenil nada alentadoras

En las últimas cifras oficiales sobre desempleo, la tasa de paro para jóvenes sin estudios -y este es el caso del 65% de nuestros chicos en Iter- es de un -escalofriante- 60%.

60 de cada 100 jóvenes están deambulando, sin mucha esperanza y, por supuesto que les gustaría tener un empleo para poder avanzar y construir una vida.

En las cifras de tasa de desempleo juvenil, tenemos el dudosos honor de ser los primeros de la UE, alcanzando el 40%. Una cifra de la cual todos los españoles deberíamos sentirnos avergonzados por no estar apoyando a estos jóvenes como una de nuestras prioridades. Ellos son parte integrante de nuestro futuro, y tenemos que construirlo juntos.Y la verdad es que, cuando uno conoce cara a cara las historias y los casos de cada uno de estos jóvenes, se estremece, porque es realmente un milagro que estén ahí delante de ti, buscando formación, dispuestos a esforzarse por encontrar un empleo, en una sociedad que no les ha puesto nunca las cosas nada fáciles.

 

Nuestra labor es no sólo formarlos sino devolverles la ilusión y la motivación

Nosotros, básicamente, lo que hacemos es formarlos. Cualificarlos para que las empresas puedan encontrar en ellos aquello que necesitan de nuestros jóvenes. Jóvenes con un CV obviamente muy escaso. El 65% no tiene ni el certificado de la ESO, con lo cual, ya no pasan ni el mínimo filtro que las empresas ponen para optar a trabajos poco cualificados.

Lo que buscamos, además, es que los jóvenes estén ilusionados y motivados. No llenarlos de contenidos que la empresa no necesita para estos perfiles de jóvenes. En otros sí es el camino a seguir, pero no en nuestros jóvenes, que necesitan ingresos con mucha urgencia y no tienen a nadie que les costee sus estudios.

Lo que buscamos es devolverles la ilusión por volver a vivir con esperanza, por trabajar para conseguir un empleo, para que puedan formar una familia,… para que puedan tener, en el fondo, las mismas posibilidades, o al menos, posibilidades como las que la mayoría de nosotros hemos tenido. Ese es nuestro compromiso como fundación, eso es lo que hacemos fundamentalmente y lo que tenemos la vocación de seguir haciendo gracias a ayudas como la de CEPSA.

 

Hacer de este mundo una realidad más solidaria entre todos es posible

Por otro lado, quería decir que me siento orgulloso de estar rodeado de estos otros 4 proyectos premiados [Candelita, Sociedad de San Vicente de Paúl, Fundación Gil Gayarre y Diversión Solidaria]. Son casos muy reales de los que con frecuencia la sociedad, nosotros, no somos demasiado conscientes, porque tristemente creemos que nuestro mundo es otro.

Pero esta realidad existe, y dentro de nuestras fronteras. Creo firmemente que nuestra conciencia social debería recuperarse. Tendríamos que ser capaces de mirar un poco a nuestro alrededor y tomar conciencia de que todos tenemos que colaborar en esta ingente tarea, la tarea de hacer de nuestro mundo una realidad más solidaria.

Pensemos que no todos los españoles -y no españoles que están aquí con nosotros- viven como vivimos nosotros. Hay mucha gente que sufre, que tiene necesidad y que merece que compartamos con ellos aquello que hemos recibido de una manera o de otra.

 

Gracias por último a mi amigo Antón Bautista, que seguramente está viendo este acto desde el Sahara donde trabaja como ingeniero de exploración y producción, que confió en nosotros, nos apadrinó y fue el primer paso para finalmente poder estar hoy aquí.

 

Gracias a todos una vez más.

 

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